Cuando empiezan a aparecer cuerpos esparcidos a lo largo de la ciudad, a cada cual más espeluznante, todas las sospechas comienzan a seña...
Cuando empiezan a aparecer cuerpos esparcidos a lo largo de la ciudad, a cada cual más espeluznante, todas las sospechas comienzan a señalar como culpable al homicida John Kramer, alias Jigsaw, Sin embargo, el asesino lleva más de una década muerto, ¿cómo es posible que haya vuelto a las andadas? Cinco nuevas víctimas tendrán que hacer frente al terror que supone el tétrico juego de Jigsaw. ¿Estaremos más cerca de conocer el desenlace de los macabros planes ideados por este amante de los juegos letales?
Los hermanos Peter y Michael Spierig dirigen esta entrega, cuyos trabajos en Los no muertos, Daybreakers y Predestination les ha valido para ser merecedores de tal encargo. Bajo la producción ejecutiva, los mencionados creadores, James Wan y Leigh Whannell, para intentar mantener la esencia de lo que ellos consiguieron con éxito.
En esta octava entrega vuelve Jigsaw, atrapando a cinco personas que tienen un castigo y penitencia y morirán salvo que se arrepientan y confiesen sus pecados (y quizá no lo logren ni aún con eso). Los directores optan por rizar un poco más el rizo de lo visto en las siete entregas anteriores y para ello, lógicamente tratan de sorprender al espectador.
Tras unos años de descanso (ojo: algo que es el macguffin genial de esta octava cinta de la saga), recuperamos (bueno: recuperan los avispados productores) este escenario criminal de diseño y, afortunadamente, no desde la figura del reboot (ojo 2: no es un spolier, pero lo de reboot es otro macguffin acojonante de esta masacre número ocho) o de una mera continuación o reformulación, sino desde una inteligente puesta al día de eso tan discográfico del recopilatorio de grandes éxitos. No, no se asusten: Saw VIII no es una mera sucesión de guiños y citas a todos los títulos anteriores, alguno de ellos de llorar de la emoción (el que nos sitúa en aquel desnudo trío de la seminal Saw), a pesar de que parece estar jugando a ello durante todo el metraje (y es en esos instantes en los que te pones algo nervioso y te dice: bueno, vale, está bien pero…) para luego darte una de esas precisas sorpresas que te obligan a replanteártelo todo para que las piezas encajen (ojo 3: ese encaje y esa sorpresa… ¡ya la habíamos visto antes pero no así!).
Convertir a Jigsaw en el eje central de esta resurrección-continuación (ojo 4: más pistas, más pistas) es una idea tan brillante como la de las críticas al fenómeno fan de asesinos en serie, en el fondo una crítica a nosotros mismos, los fans de estos serial killers y estas franquicias sangrientas y gore. Si hay que ponerle un pero a la película, y no me refiero a ese reparto de actrices y actores directamente de derribo (menos Tobin Bell, evidentemente), algo que se agradece en estas tesituras de disparate y mutilaciones, es que no es tan salvaje como sus precedentes. Sí, hay unos cadáveres en la morgue como muy churriguerescos (ojo 5: que están para ¿despistarnos?) y algún efecto de maquillaje más, pero el tono es como más ligero, jugando incluso con el off (ojo 6: el off es algo a tener en cuenta para encajar las últimas piezas, no sólo las que se ven y se tocan aquí).
Saw VIII juega a dispersar todo bajo dos aspectos narrativos, en cuanto al juego macabro de situaciones enrevesadas donde las cinco víctimas intentan sobrevivir (la parte más interesante y también la más gore y rocambolesca) y otra subtrama policial de archivos sobre el mundo de CSI donde un grupo de policías e investigadores tratan de dar respuesta al entuerto.
No está entre las tres mejores cintas de la saga, ni tampoco podemos decir que se acerque a la primera, que sigue siendo la más acertada y sorprendente. Lo intenta pero solo algunas piezas de este puzzle de asesinatos son recordables.
Los hermanos Spierig, directores de Saw VIII (ojo 7: que sean dos los directores… Ahí lo dejo), le dan un estilo seco en lo que es la trama de investigación, muy la chanante Resurrectionde Rusell Mulcahy y un toque hasta clásico en la lista de pruebas/muertes propuestas a las víctimas, algo que es de aplauso en la secuencia del silo del grano, réplica de otra mítica en el Vampyr de Dreyer… homenajeada en Único testigo de Peter Weir.
Resumiendo: puede que Saw VIII no sea tan buena como algunas otras de sus hermanas, pero sí que es decididamente simpática como juego privado sobre el género y sobre el paso del tiempo (ojo 8: hasta aquí puedo leer).
